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Robando Rosas

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Tuve ganas de arañar tu fortaleza. Aquella mañana discutimos por lo de siempre...
El café quedó servido sobre la mesa y las tostadas se enfriaron con la gelidez de tu mirada, sin embargo me despedí con un beso cálido. El día transcurrió como de costumbre. Carreras en el área de trabajo. Todos enfocados en lo que parecía importante, más yo no podía sacarte de mi pensamiento. Contaba los segundos para que llegara la hora de salida. Necesitaba verte. Quedaste en recogerme. Salí apresurada despidiéndome de todos con un 'hasta mañana'. Abrí la puerta y busqué rápidamente con la mirada tu silueta, temía que tu enojo se hubiese prolongado y hubieras decidido no buscarme, sin embargo te vi caminando hacia mí. Te veías radiante. Apresuré el paso para llegar a tu encuentro, te besé con ansias, nos habíamos perdonado. Teníamos hambre, pero no tanta como para ir a un restaurante, así que decidimos que una pizza estaría bien. Antes de llegar a casa hicimos una parada. La pizzería Tortellini…

Amor de Verdad

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Cabalgabas sin rumbo fijo,
lunas y puentes marcaban tu destino.
Tal vez nunca nadie te dijo,
que por ti esperaba un ángel con corazón felino

Caíste mil veces y mil veces levantaste
tu ego se alimentaba de falsas palabras,
amorosas ellas, también vacías y la verdad callaste
sembrando silencio en el interior de las hembras

Una nube negra, una mano amiga
sobre tu pecho afelpado ella dormía.
Mujer que con su espíritu tu dolor mitiga
y quién con tesón apaga tu agonía

Un amor verdadero tienes en tus manos,
un amor que lucha contra sus errores,
un amor que intenta anudar lazos sanos
y que a pesar de tropiezos y sinsabores,
estará siempre a tu lado.



Reloj Maldito

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Eran horas encerradas dentro de un reloj maldito.
Todas alineadas sin tocarse unas a otras, cada una
tenía sus sesenta minutos llenos de segundos
de gloria, ignorando la existencia de su homóloga.

El tiempo calculaba con malicia.
A cada una adularía, a cada una seduciría,
mas con ninguna se quedaría; manos sabias
por la edad, detuvieron inesperadamente las manecillas.

El gris de la tempestad cubrió celosamente
al intervalo y las horas aullaron desesperadas
porque no llegó quien esperaban, heridas
pronunciaron frases llenas de vocablos ardidos.

Locas intentaron escapar de la cárcel a la que habían
sido sometidas sin necesidad y con antojo.
Por más que gimieron, por más que lloraron, el tiempo
nunca más regresó.

La mujer de las tres décadas se lo llevó consigo e
indignada por la perversidad que emanaba de
las horas, lanzó el reloj al río del pasado y dejó
que sus aguas se llevaran el objeto con destino al olvido.


© 2016 Hilda Hurtado A.

Venganza de Miel

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Y camina la tristeza lerda y parda
sobre el hilo de dudas que cruza el precipicio,
teme caer al vacío ... sabe que allá 
nadie la espera, más ama el desafío.

De quién huye? Por quién llora?
sólo el cuerpo y el alma de su dueña
guardan tan burdo secreto,
mientras dulce saborea lo que añora

Qué hace la tristeza tentando al destino? 
Sabe ella que es sólo un sentimiento efímero?
La sonrisa se burla en los labios del lazarillo, 
quien guía perenne a quién no reconoce el cariño 

Ata despacio los cabos del olvido
para que no se desarme y concluya su ciclo.
La tristeza gana fuerza y alas nacen en su espalda, 
ahora vuela sobre la felicidad de quién la llamó,
y en picada con garras feroces logra robarla, 

en pleno vuela exclama: " sabe a miel la venganza".

© 2015 Hilda Hurtado A.

Indiferencia

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Clavas tus pupilas en las mías,  mientras mientes despiadadamente.  Enojada clamo por venganza impía,  temo morir desarmada e impotente.
Tu arma más mortal es el veneno con que enjugas las palabras, rechazas cruel y sin revés la miel con que intento arroparlas.
Pido piedad, mi corazón se debilita. Las lágrimas corren sin freno sobre mi faz inmóvil y marchita,
y caen en el escote de mis senos.
No doy crédito a la frialdad y rigidez  con que disfrazas los sentimientos.  Quise rozar tus hombros, y la palidez
de la distancia que marcas entre nosotros
demuestra claramente... que no me amas.

Copyright © 2015 Hilda Hurtado A.


Agua Bendita

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Manos sucias acariciaron su cuerpo perdido, besos acorralados robaron de sus labios inquietos el cuarto  de hora y la paz que la aniquilaron
Indagas insistente desgarrar su ropa, añoras recostar tu alma cansada, absurdo, si la cama grande arropa la vil conciencia agazapada
Anunciaste que te marchabas cuando bella salió corriendo tras tus huellas escapaste a paso raudo y santiguando, todos tus pecados frente a ella
Inútil eres el agua bendita que limpia, las cicatrices profundas de sus pechos,  que tímidos e insensatos capturan en sepia las impurezas que ocultan su lecho.
© 2015 Hilda Hurtado A.

El Primer Vagón

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Clara se hallaba sola en la estación de tren subterráneo...era una noche veraniega.  Sus pupilas se encontraban clavadas en la lectura de una historia de Poe.  Transcurrían los minutos y el tren no arribaba. Algo inquieta , debido a la soledad del lugar, se levantó de su asiento y se dirigió hacia la orilla de la plataforma para cerciorarse de la proximidad del tren, pero no logró ver nada a lo largo del túnel oscuro, así que regresó a su asiento y prosiguió con la lectura. De pronto, al alzar la mirada, vislumbró el vagón principal del tren aparcando frente a ella. Clara cerró el libro, tomó sus pertenencias y corrió apresuradamente para abordarlo. 
En el vagón viajaban solo cuatro pasajeros. En uno de los extremos se hallaba una mujer de larga y roja cabellera quien lloraba desconsoladamente, al otro extremo se encontraba un exitoso empresario , quien leía una y otra vez los resultados de la Bolsa de Valores en el "Económic Times". Sentado frente a Clara, un adolescente juga…